Una nota más sobre el rock en el país

*Lo siguiente NO está escrito en carácter de crítica musical —sería pretencioso y hasta deshonesto hacerlo, por la simple razón que no soy especialista en el tema (y no pretendo serlo) — sino de un modo más sencillo: como escucha/espectadora y como miembro de una sociedad diversa.*

En múltiples medios y momentos se ha escuchado la idea de que la música es un lenguaje universal, y como tal, podría reflejarse como la propia humanidad, es decir, fluctuante y en constante evolución.

Después de leer un par de columnas sobre “lo que el rock mexicano queda a deber”, me quedaron claras las altas expectativas y la fuerte carga —si se puede ver de esa forma—que se le llega a dar a la música y al propio artista/banda. ¿De verdad pueden ser una herramienta de cambio? ¿Es tal su incidencia? ¿Este género le queda a deber a los escuchas?

La premisa leída y la que captó mi atención, es respecto a que el rock en la actualidad es carente de calidad y sentido (el primer error es generalizar) por su poco o nulo contenido sobre los problemas políticos, económicos y sociales que aquejan al país. Sería absurdo negar la existencia de dichos fenómenos, por el contrario, comparto el hartazgo, impotencia e indignación por muchas de las cosas que pasan en la nación, sin embargo, la relación con la música (y en específico con el género) no considero que sea proporcional; es decir, el que una canción/banda/solista no mencione tales problemáticas en su trabajo, no implica estrictamente que no le interesen, como de la misma manera, el que se exprese(n) en contra de las decisiones políticas, del sistema político o de actores específicos, no significa que necesariamente esté(n) involucrado(s).

Con lo anterior pondré un par de ideas sobre la mesa: primeramente, considerar que el rock o cualquier otro género está obligado a tratar temas específicos —en este caso que permita identificar su compromiso social— puede ser equivalente a tratar que miles de personas piensen de una misma forma, sin cuestionarse, sin considerar otros horizontes, ¿por qué? porque la realidad de cada individuo es distinta, tanto como sus intereses y la propia línea (o líneas) por la que conduce su vida.

Tratar de encuadrar a los géneros musicales es reducir el umbral de posibilidades a descubrir, es decir, encasillar las letras en aspectos específicos impide ver las diversas aristas sobre las que se desarrolla la sociedad. El compromiso social del rock en el país (en el caso de que este debiera tenerlo) no radica entonces en hablar estrictamente sobre la violencia, la pobreza, la injusticia o el descontento, sino en considerar todo aquello que mueve a las personas, desde el amor, el odio hasta su propio desarrollo frente a su entorno.

A su vez, en diversos momentos se ha utilizado el argumento de que el rock nacional se ha dejado invadir por el aspecto comercial, mismo que distorsiona su sentido —en caso de tenerlo— y que por esa razón, ante cierto público, pierden validez. Sin embargo y desde un juicio personal, la música es un universo (como los propios géneros), mismos que no merecen que sean demeritados por casos particulares. ¿Entonces qué pasa con las bandas independientes? ¿Su esfuerzo es inválido sólo por no ser “voceros sociales”? ¿Dónde quedan los años de lucha en un ambiente de difícil acceso y de aún más difícil permanencia? ¿Es un caso que sólo pasa en el país?

En segundo lugar, no es proporcional decirse o manifestarse en contra de lo que pasa en el país e involucrarse de forma congruente con tales argumentos. En los recientes meses, se ha discutido mucho sobre la influencia de las redes sociales (facebook y twitter, principalmente) en la participación de los jóvenes —o de las personas en general— en los acontecimientos nacionales, además de ver como estos medios se han convertido en la herramienta de expresión y desahogo más comunes: desde quejas, mentadas de madre, descontento, burla, escarnio y divulgación de información, el carácter “políticamente correcto y socialmente responsable”, para muchos, se ha reducido a un tuit o a una publicación.

Con lo anterior no se le resta importancia al uso de medios electrónicos, por el contrario, es de reconocerse la incidencia que han tenido en momentos específicos, situación que evidentemente se aplaude; sin embargo, creo que es totalmente válido cuestionarse ¿cuántas y cuántos de los que por dichas instancias manifiestan su interés en los problemas del país verdaderamente actúan para coadyuvar en una posible solución (en la medida de sus posibilidades, claro)? ¿Se está siendo consciente y congruente de lo que se expresa o sólo son víctimas de “la moda del descontento”?

En este sentido, ¿quiénes de los que afirman que el rock mexicano (y en rock en general) no tiene chiste por no hablar de asuntos políticos y/o sociales se han comprometido, de forma individual, con alguna causa? Porque al final, quejarse desde su computadora puede parecer de poca ayuda si no se construye un cambio desde la rutina diaria, por cosas aparentemente mínimas pero consistentes. Si se actúa en la medida en la que se exige, probablemente todo camine de otra forma.

Porque tanto en la música como en distintos aspectos de la vida, es inevitable que haya “crìticos”, “expertos”, “analistas”, pero justamente su existencia es la que debe hacernos reflexionar sobre qué tanto estamos haciendo para mejorar lo que tanto nos molesta y qué tanto cuestionamos a quienes escriben y afirman con certezas débiles sobre uno u otro tema (aquí las críticas son bienvenidas). Tanto el que canta/toca como el que escucha es libre para referirse sobre lo que deseé. El compromiso social del que mucho se ha hablado se construye —desde mi perspectiva— con compromisos individuales. No tiene caso que una canción diga lo jodido que está el país si después de escucharla no haces (hacemos) nada desde tus (nuestros) espacios para mejorar. Tal vez, la ausencia de “identidad musical” es el menor de los males, y culpar al rock que se produce en el país de que la juventud sea apática o “viva en otra realidad” es posiblemente más un pretexto para no responsabilizarnos. Peor aún, creer que esto es un fenómeno exclusivo del país es simplemente no querer ver “más allá de sus narices”.

“[…] el único tipo de música que nos moverá, que realmente apreciaremos, será una música propicia para soñar, que destierra toda razón y análisis. Uno no tiene que desear primero entender y luego sentir. El arte no tolera la razón.”
Albert Camus

*Esta nota fue publicada originalmente en Radiotónica. Agradezco enormemente al equipo su invitación para colaborar con ellos. Si pueden (y quieren), pasen a darle una visitada*

—Evelyn Rojas

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