Un Viaje Místico… al “Malviaje”

Una especie sin duda muy particular:

Practican la agricultura, tienen ganado, ejércitos, capturan esclavos, han desarrollado antibióticos muy efectivos, poseen un repertorio muy limitado de comportamiento individual, han desarrollado sociedades de extraordinaria cantidad, complejidad y coordinación que constantemente penden de un hilo, pasando buena parte de su vida en frenética actividad, incluso bajo tierra. Renuncian a tener hijos y se conforman con los de otros. No se sabe a ciencia cierta el porqué de esa obediencia tan ciega; parecería que todos sus miembros fueron creados en serie.

No. No describí al ser humano, sino a las hormigas.

Ellas, trabajan por el bienestar de su colonia sin mucha consciencia aparente; nosotros, por metas aspiracionales mayoritariamente. El beneficio resultante para los demás en casi todas nuestras sociedades parece ser más un afortunado accidente que el producto de la buena voluntad, a pesar de haber sido bendecidos con el don de la conciencia.

Homo sapiens, el hombre sabio.

Dejemos de lado el sexismo etimológico, porque como George Carlin sabiamente dijo: Ninguna mujer jodería tanto las cosas. Nosotros estamos algo lejos, genéticamente hablando, de las hormigas. ¿Por qué nuestras sociedades se parecen? Hasta donde mi memoria da sobre las lecciones de biología, nuestra especie está bastante más emparentada con los mamíferos, de los que podríamos compartir características como:

  • Las altas necesidades energéticas de estos animales condicionan su comportamiento, y debido a su complejo sistema nervioso son altamente susceptibles al estrés. Básicamente son capaces de todo si su subsistencia es amenazada.
  • Los hay solitarios, los que viven en pareja o en pequeños grupos familiares, en colonias medianas e incluso grandes manadas de millares de individuos; estos últimos los menos, ya que esas concentraciones sólo se presentan en especies que recurren a migraciones masivas y durante cortos periodos de tiempo. Sus sociedades de grupos pequeños son estables y necesarias para la obtención de alimento y la defensa del grupo.
  • Algunas especies establecen sociedades matriarcales. Estudios sugieren que las hembras evitan conflictos directos e innecesarios con otras manadas o grupos, en muchos casos si los recursos son suficientes comparten los recursos de las áreas que habitan en común.
  • Son pocas las especies de mamíferos que forman pareja estable de por vida.

Y bueno, la lista sigue y sigue. Son datos que pueden encontrar en infinidad de fuentes mucho más adecuadas y profesionales que este remedo de escritor.

Para estas alturas ya deben preguntarse: Bueno, ¿y todo esto que carajo tiene que ver con el tema de este número? Lo anterior descrito es el cúmulo de reflexiones que he tenido viajando largas distancias al desplazarme a mis ocupaciones diarias. Como seguramente saben, casi todo está de cabeza y diseñado para ultrajar la mayor cantidad de aspectos de nuestra naturaleza y México, como la mayoría de las grandes metrópolis en el mundo, está lejos de ser diferente.

El transporte público en la Ciudad de México y el área metropolitana (como seguramente en otras partes del mundo) en su inmensa mayoría es concesionado, lo que en palabras menos domingueras significa que de público no tiene nada, pues son intereses privados los que brindan el servicio de transporte, no el gobierno ni ningún organismo público. Las personas que reciben dichas concesiones casualmente suelen ser familiares o amigos de alguien con un cargo muy importante o bien, son agrupaciones ciudadanas que reclaman la voluntad del pueblo y su derecho al trabajo digno… Claro está que una vez conseguida la concesión los operadores de los vehículos están por su cuenta, pues la mayoría carece de seguridad social, prestaciones, derecho a jubilación y un sueldo fijo. Este último punto es clave para entender la situación tan especial en la que nos meten estas personitas todos los días, pues su ingreso diario depende directamente de la cantidad de personas que transporten para cubrir la renta del vehículo y llevar lo que reste a sus hogares. Naturalmente esto provoca que se peleen por el pasaje, que manejen imprudentemente y a altas velocidades, que hagan base en ciertos lugares para maximizar sus oportunidades de éxito, retrasando a sus usuarios, generando estrés en ambas partes, que sean groseros, que nosotros seamos groseros con ellos, comparativamente están más expuestos a un asalto, a la extorción policiaca, son más vulnerables a los incrementos de los precios de combustible y ante el incremento de tarifas son los menos beneficiados pero sí los más señalados, carecen totalmente de capacitación de trato al usuario y manejo defensivo, su ocupación está saturada, soportan todo el día el tráfico de la ciudad pues no hay carriles exclusivos para ellos… y una larguísima lista de etcéteras que generalmente no tenemos en cuenta por simple negligencia. Harán pues lo que sea para subsistir como el resto, pues su situación es precaria y su entorno es hostil y muy competitivo, situación de la que no son enteramente culpables.

Por otro lado, el transporte público (el de verdad, pues), el que la teoría dice que erradicaría la mayoría de los problemas mencionados, prácticamente ha desaparecido, y no, ni el Metrobús (no olviden leer a Evelyn) ni el Mexibús son públicos, pero si cuentan con un esquema más razonable para los conductores. El único transporte netamente público que viene a mi mente en este momento es el Metro, pero ése tiene otros agujerillos negros de los que no toca hablar hoy. La calidad del servicio, instalaciones, regularidad, eficiencia y últimamente hasta la seguridad deja mucho que desear. Sin embargo y haciendo honor a la justicia, es uno de los medios de transporte más eficientes y baratos que hay. Decir que además es ecológico… lo pongo en tela de juicio, pues el porcentaje de energía eléctrica generada a partir de la quema combustibles fósiles en México es de aproximadamente el 73.6%. Comparte muchas características con los demás medios de transporte que ya todos conocemos, muchas de ellas desagradables, otras tantas hilarantes y otras más, trágicas (la publicación de Brenda es muy clara en ese sentido). Sé que más de una historia habrá venido a su mente y bueno, sabemos bien que no está exento del estrés y desgaste.

El transporte particular… caray. Por sí mismo no representa un problema; la cultura vial ya es otra cosa. El parque vehicular está más que excedido y se suman cientos de miles de vehículos cada año, muchos de ellos usados y con un historial de mantenimiento lamentable y que por simple lógica, contaminan más, el programa Hoy No Circula es en extremo corrompible. La gente se estresa, se te mete, te avientan el coche tanto si vas en otro vehículo como a pie, los conductores se paran en doble y triple fila, en fin, es el pandemonio en horas pico y los niveles de estrés han llegado a un nivel tan alto que por tocarle la bocina al coche de enfrente te puede costar la vida si el conductor pierde la cabeza y está armado. Algo que poca gente tiene en mente es que simple y sencillamente somos demasiados y tratamos de desplazarnos largas distancias en vialidades insuficientes e ineficientes para la espantosa cantidad de personas que ya no pueden ir ni a la esquina sin llevar el automóvil.

¡Bueno, que hasta para caminar somos egoístas y desconsiderados! Cuando caminamos entre mucha gente (lo cuál despierta el instinto homicida que hay en mí) no falta la persona o grupo de personas que deciden obstruir el camino, darle clases de caminata a sus niños pequeños, detenerse, o cambiar de dirección, o levantar una extremidad abruptamente sin confirmar que no golpearán a nadie, ir en sentido contrario… Todo ello en horas pico y a mitad del tumulto.

El diseño cuadricular de ciudades como Nueva York ha demostrado ser muy eficiente para establecer rutas para el transporte público y hasta para dar indicaciones sencillas para llegar a cualquier lugar, pues incluso los nombres de calles y avenidas son muy funcionales. La Ciudad de México sin embargo… Ni mencionar que está asentada sobre un lago, en una importante zona sísmica y muy cerca de un volcán activo, su urbanización sigue creciendo con pocos o prácticamente nulos estudios de impacto ambiental ni planificación. Frágil y compleja, si nuestra ciudad fuera una persona, agonizaría de esclerosis.

La prisa de todos parece ser más importante que la de los demás y ciertamente todo, o casi todo lo dicho anteriormente tiene un origen común para mí, y es la manera totalmente errónea en como hemos organizado nuestra sociedad, la cuál además hemos ocupado como base para construir un conjunto de valores que muy poco o nada tienen que ver con cómo nuestra especie se desenvolvería plena y adecuadamente, pero la insistencia de crear remedios temporales no es escasa y la necedad de preservar lo insustentable es la regla. Marchar a paso redoblado al acantilado, amontonándonos y viviendo en espacios cada vez más pequeños y caros, sometiéndonos a niveles de estrés que afectan terriblemente nuestra salud y estado anímico, perdiendo cantidades estratosféricas de tiempo y dinero en distancias que incluso en bicicleta recorreríamos más rápido, pero en su lugar, elegimos vehículos de seis cilindros con motores tan poderosos que podrían remolcar a una locomotora y alcanzar velocidades que con suerte lograremos el 10% de las veces, pues el tráfico diario y el mal estado de las calles y avenidas nos lo impide.

Hemos estandarizando formas de vivir, de pensar y de relacionarnos para poder justificar nuestra estancia en este circo de tres pistas llamado ciudad, donde el que piensa diferente es mirado con desprecio; un mar de locos que con suma destreza y rapidez desenfunda la utopía ante cualquier intento de cuestionar lo que ellos creen que es un paradigma propio, reparando nunca o pocas veces que el temor a la diversidad no es natural sino artificial, que fue engendrado y contagiado como enfermedad desde la mente de personas obsesas y esclavas del control y el poder, que saben que ante una mayor diversidad, mayor resistencia presentará éso a ser dominado. Esto funciona maravillosamente en la ciencia, pero nosotros no somos materia inerte sino un complicado ser con ideas, emociones y sentimientos.

Vean a su alrededor y pregúntense si es sano vivir en medio de este mar de porquería. Es bien sabido que en grupos pequeños los individuos son más atentos y cálidos con los demás miembros de su comunidad, la educación y atención son más eficientes y la conducta de los mismos es autorregulada. Pueblo chico, infierno grande, dirían algunos profesándolo ignorantemente como una cualidad negativa. En masa el ser humano es estúpido, sugestionable y pierde su identidad, su gentileza, su atención a los detalles y gradualmente por presiones sociales, mitos, estatus, tabúes y demás cosas que inventamos, pretendemos alejarnos de esa cosa viscosa, salvaje y áspera llamada naturaleza, pero de pretender no pasaremos, porque las manifestaciones, el incremento de suicidios, la tristeza, el estrés, la violencia y el cansancio colectivos sólo demuestran algo:

NO SOMOS FELICES VIVIENDO DE ESTA MANERA

El ser humano se separa en naciones por motivos de supervivencia y seguridad y producen justamente lo opuesto. También creen que agruparse en ciudades soluciona los problemas, cuando sólo los crea. Es verdad que en las grandes ciudades hay servicios, empleos y entretenimientos que no hay y no puede haber en los pueblos y aldeas más pequeños. El error es considerar valiosas estas cosas cuando en realidad, son nocivas.

-Conversaciones con Dios III, Neale Donald Walsch, 1998.

No concluyamos cosas superficialmente pues las causas verdaderas rara vez son las más aparentes. Observemos a nuestro alrededor, es clave para ser conscientes del entorno hostil que hemos creado, que justificamos y aceptamos como normal en nuestro diario andar como gente ocupada, yendo a ninguna parte.

–LvyZ

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