EL ARTE DE LO SINIESTRO, PERSPECTIVAS DE MUERTE Y DOLOR

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No todos somos afines en gustos, por lo general para muchos predomina el agrado hacia lo “estético” o lo “bello”, un ideal que se nos ha inculcado a adular a través de los años, por medio de pinturas, esculturas y fotografías donde la simetría, el color, y el contenido nos muestran momentos captados por artistas que no buscaban más que mostrar lo que veían.  Pero ¿Qué ocurre cuando se explora el otro extremo del arte? Cuando hay alguien que tiene otra visión de la vida, y no quiere mostrar lo que todos ven, sino lo que él ve.

Es en ese momento cuando surgen las corrientes artísticas. Se muestran temáticas específicas pero libres a la vez, ya que el artista busca una identidad, lo hace “a su manera” y usualmente predomina un lenguaje dependiendo de la época en la que nos enfoquemos. Por ejemplo, existe gran cantidad de arte pictórico que nos podría parecer aburrido. Ir a una galería de arte, posarnos frente a una pintura e intentar comprender el trasfondo de un retrato o un paisaje, para muchos puede sonar pretensioso. De igual modo, el arte actual puede parecernos complejo o demasiado simple, por decir algo el arte abstracto. Algo similar me ocurría hace mucho, digamos que me confundía el hecho de acudir a un museo con el propósito de sensibilizarme. Pero el punto no es ese, el gran error que cometemos es tratar de entender al arte.

Cuando comienzas a desarrollar una actividad artística es desde el punto de vista psicológico un desfogue, una necesidad de expresión. La afinidad que sentimos por un tipo de arte puede definir nuestro comportamiento.

Esto me ocurrió cuando me topé con el dadaísmo y el surrealismo. La contra corriente de arte burgués y la exploración del mundo onírico, los escapes de la realidad aplastante de principios del siglo XX. Con estas  expresiones, me encuentro envuelta en sitios que no dejan de anclarme al mundo real pero que carecen de lógica en su contenido, sin dejar de ser estéticos. Dentro de estas pinturas los personajes son bizarros, o están rodeados de elementos que no comprendemos qué hacen en ese sitio.

Para no hacer el relato largo, a través del surrealismo mayormente, me encuentro con  una cantidad infinita de artistas actuales que buscan la incoherencia de sus vivencias. Descubren el modo de decirnos sus pesadillas, sus dolores o aflicciones, la angustia que viven o incluso sus deseos sexuales.

En mi búsqueda de artistas análogos me he enfrentado con un adjetivo recurrente en sus definiciones: arte macabro. Los han clasificado en gran cantidad de blogs y páginas web como grotescos, perversos, sombríos, bizarros. Y a mi parecer es muy acertado, independientemente de la existencia de una corriente artística o no. Podemos encontrar personajes que se liberan de prejuicios, que exploran tabúes y que hacen de su arte todo un experimento sensorial.

El artista que les quiero invitar a conocer es el francés  y médico de profesión Olivier de Sagazan,  quien no está definido por un sólo medio de expresión, es pintor, escultor y performance. La primera vez que me topé con su trabajo fue con el performance llamado “Transfiguración” el cual me impactó. Olivier representa la transición emocional de sus personajes que cambian conforme cubre su cabeza con arcilla y ciegamente pinta cavidades dando una expresión a su  rostro. Se puede ver el dolor, la angustia y el horror que evoluciona a través de su actuación. Entre silencios, respiraciones forzadas y gritos de enojo Olivier pasa de ser un hombre, a un ser sin rostro y posteriormente se convierte en monstruo.

Sus pinturas son similares a lo que se puede percibir en sus performace. En cambio sus esculturas, son personajes que mutilados, y generalmente sometidos por metal que simulan corsets, objetos ortopédicos o frenos de caballo.  Elementos que originalmente tenían un fin de mejora estética para el cuerpo humano “imperfecto” pero que en esa incansable  búsqueda causaban dolor a quien lo portaba. Paralelamente se utilizan en prácticas fetichistas de sumisión, sadismo y bondage.

Más allá del dolor físico que representa en algunas de sus obras se pueden ver expresiones de ternura, seres míticos religiosos como ángeles o parejas que unidas por el dolor no dejan de manifestar amor. Con esto puedo decir que la obra de Olivier causa un impacto en quien observa, es como una relación de amor-repulsión. Se violenta la belleza, vemos escenas que originalmente idealizamos como hermosas, con seres desmembrados o quebrantados, compuestos de materiales fríos y texturas ásperas. Nos perturba saber que puede haber belleza en nuestras pesadillas. La muerte se manifiesta ante nosotros, esa sensación de ver la tortura en un individuo, o simplemente pensar en que esos seres demoniacos que presenciamos son la materialización de nuestros temores. Nos enmudece la incertidumbre a ese paso seguro que tenemos en la vida que es la muerte. Preferimos vivir en la mentira de que todo tiene un fin feliz, como en los cuentos.

La estética del caos, el atractivo de la naturaleza tal y como es, sin arreglos, sin pretensiones, desnuda, se torna atractiva. Ya no estamos limitados a un estándar de belleza que nos impone una o varias personas, tenemos la libertad de observar y dirigir nuestra atención a aquello que nos parezca interesante. Y bueno, quizá después de todo manifestamos cierto morbo cuando nos enfrentamos a imágenes burdas, porque no es casual encontrar seres como los que nos muestra Olivier, implícito en la posible repulsión que nos cause nos inquieta saber qué ocurre, por qué son así esos personajes, qué incita al artista a dar vida a seres tan lastimeros.

La expresividad de la obra de De Sagazan queda respaldada, por su visible obsesión con el horror sufrimiento y  muerte, temas que muy probablemente experimentó durante su profesión como médico. Enfrentarse a cadáveres para conocer el funcionamiento real del cuerpo humano, la utilización de objetos punzocortantes, interactuar con sangre y filudos corporales… la medicina tiene sus bondades y beneficios pero hay que tener un poco de valentía y frialdad para ejercer.

Recuerdos que quedan en la mente, se transforman en sueños, y luego en pesadillas. Si no hay medio de desfogue, se vuelven traumas, miedos y fobias. Es así como los artistas hacen catarsis ante sus temores. Y sus demonios internos son manifestados físicamente, eso hacen los artistas macabros, liberarlos, hacernos saber que el miedo, la muerte y la locura están presentes, nos guste o no saberlo.

Si tienen oportunidad de dar un vistazo a su bizarra labor artística podrán percibir un poco de angustia al transitar por los inquietantes resquicios de la mente de éste hombre que con sus 53 años aún tiene necesidad de decirle al mundo que el arte ya no es lo que nos han inculcado a través de la historia.

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