Tributo a mis (nuestros) muertos.

Este texto va dedicado especialmente a mi abuelo Carlos, hombre noble que, pese a que conviví con él cuando era muy pequeña, me he podido percatar a través de cada historia, de cada foto que me dejó como enseñanza a través de mi madre la perseverancia, el esfuerzo, las ganas de luchar y  no rendirme, sé que en donde esté se siente tranquilo con cada paso que doy.

A mi abuela Carmen, mujer valiente de la que aprendí que el respeto y la constancia son claves para alcanzar lo que uno quiere, que  la familia es lo más importante y que apoyar a los que amamos nos da paz. A los dos los extraño a diario, los amo y recuerdo en cada logro, en cada caída.

A todos los que recientemente sufrieron una pérdida, a los que recuerdan a diario a sus familiares y amigos, a los que pedían sólo un momento más a su lado. Con profundo respeto, es para ustedes.

Durante muchos momentos de mi vida he escuchado que aunque algún ser querido muera, se mantiene vivo en la mente y en el corazón. Hoy, después de repensarlo mucho, creo que es cierto, pienso que de alguna forma cada ser humano contribuye en algo, en vida —por mínimo que sea— y eso permanece ahí, como un legado para los que nos quedamos aún con la posibilidad de respirar, reír, gritar, llorar, disfrutar… de VIVIR.

Con lo anterior, no me refiero necesariamente a personajes famosos que lograron trascender por sus obras, creaciones o actos, hablo de algo más cercano, más nuestro. Y es que basta con preguntarse, ¿qué huella dejó en mi? para darnos cuenta que la muerte enarbola un proceso de retroalimentación y sensibilidad en donde fluye en un constante nuestra relación con él/los otro(s).

La idea de recordar —y honrar— a nuestros muertos sobrepasa el típico “era tan bueno” o “no merecía morir”, para mí es fundamental el recordarlo por ese granito que añadió a tu vida, a tu existir; por esos momentos en los que hasta el consejo más sencillo logró aclarar tu mente y permitió saber que nunca estabas sol@.

De eso se trata el recordar a nuestros muertos, no sólo es cuestión de tenerlo presente en fechas “importantes” (su cumpleaños, aniversario, en algún logro), la idea de recordar va ligada a una profundización en donde los mantengamos presentes desde el vinculo personal, su importancia en nosotros, en cada uno de nuestros días, en como gracias a ese ser, somos simplemente una persona mejor.

La muerte es inevitable, pero insisto, si recordar es volver a vivir, recordemos a todos aquellos que ya no están y que desde cualquier lugar en donde se encuentren (si ustedes creen en ello), nos observen transformándonos, vibrando cada minuto, simplemente viviendo.

—Evelyn Rojas

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