Estrella fugaz

En esta ocasión quiero comenzar mi escrito con algo que escribí hace algunos días, inspirada en un grupo de personas que conocí y principalmente en una que me conmovió el corazón, esa persona ha sabido luchar y enfrentarse a la vida como ninguna otra que yo haya conocido, pero sobre todo pudo enfrentar a la muerte a pesar de que las cosas parecían que no irían bien:

No es que no quiera, es que no puedo- decía la Luna al amanecer- mi luz quisiera todo el día mantener, pero el Sol no me permite brillar a cada despertar.

Ambiciosa es tu visión- le reprochaba el Sol a la Luna siempre- mi luz debe salir, sin duda a todos ha de gustar.

Limites, limites- gritaban las estrellas sin cesar- ¿Y nosotras qué?- susurraban- tonta Luna, tonto Sol, que siempre se quejan sin parar, sin pensar que nosotras morimos después de brillar.

Muchas veces nos quejamos de lo difícil que es la vida y no recordamos que a otras personas se les va la vida en segundos; la muerte es una amante desalmada que se puede atravesar en nuestras vidas en cualquier momento, es caprichosa y testaruda. Hablamos de la muerte física esa ya no tiene remedio ni solución.

Y qué decir de la muerte en vida, cuándo ya no hay deseo de querer despertar y saber que se tiene aún aliento en el cuerpo, es el alma que muere lentamente, esa muerte es la peor de todas, porque está acompañado de la sensación de desolación.

Cuando decidí escribir mi entrada de hoy tenía muy presente a una guerrera porteña, que desde hace tiempo se ha convertido en una muy buena amiga y que sabe que la vida no es fácil, pero que vale la pena vivir la, renacer para poder vivir la mejor; y frente a la posibilidad de desvanecerse lentamente opto por no dejarse caer, levantarse.

Hoy a unos días de la celebración de Día de muertos en nuestro país, podemos recordar a aquellos que se adelantaron en el camino, nos da la oportunidad de reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro, pero sobre todo nos da tiempo de reflexionar sobre ¿qué estamos haciendo de nuestras vidas?

No seamos como el Sol y la Luna, egoístas y ególatras, seamos como las estrellas brillemos hasta el final y no pensemos cuándo y cómo será nuestro final.

Entraré en la nada y me disolveré en ella
José Saramago

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