Velación de la Solemnidad

La Real Academia Española, que es la autoridad en estos bisnes del lenguaje, define fotografía como:

El arte de fijar y reproducir por medio de reacciones químicas, en superficies convenientemente preparadas, las imágenes recogidas en el fondo de una cámara oscura.

La misma autoridad define a un fotógrafo simplemente como aquella persona que hace fotografías. Si nos remitimos a la infalible y no siempre confiable Wikipedia, encontraremos que la etimología de la palabra fotografía proviene de phōs, luz, y grafḗ, conjunto de líneas, escritura. En conjunto significaría algo así como escribir/grabar con la luz. Independientemente del concepto obsoleto que la R.A.E. tiene de la fotografía, ¿alguna vez nos hemos preguntado cuándo fue que le otorgamos tanta solemnidad a nuestra profesión, oficio o pasatiempo? Más comúnmente de lo que pareciera, es fácil encontrarse con comentarios como:

Tener una cámara Nikon o Canon (o la que gusten) no te hace un fotógrafo…

O qué tal:

Tomar fotos con Instagram no te convierte en fotógrafo.

En lo personal, no soporto a esa gente.

Dejando de lado las definiciones aburridas que sólo sirven a su servilleta para establecer un punto de partida, la fotografía es un arte/técnica que convive con nosotros desde hace más de doscientos años, y si hemos puesto atención de lo descrito arriba, ni siquiera se menciona que su práctica requiera de algún dispositivo específico, por lo que si me apresuran, podríamos recorrer esa fecha bastantes siglos atrás hasta el momento en que el hombre plasmaba garabatos en las paredes. A veces pareciera que damos demasiada importancia a lo que hemos dedicado tanto tiempo para sobresalir que tenemos miedo al progreso tecnológico o simplemente, queremos aparecer cool ante los demás. Obviamente esto no es para nada exclusivo de la fotografía, pero es el tema del que nos toca hablar el día de hoy.

El progreso en la técnica y tecnología fotográfica han permitido que casi cualquier persona, que de jodido no tenga el Mal de Parkinson, sea capaz de tomar fotografías que antes hubieran sido impensables con tan poco equipo. Mi traicionera conciencia me dice que esta explosión por el gusto a la fotografía comenzó cuando fue posible imprimir instantáneamente las imágenes sin pasar por el tedioso proceso químico de revelado, mérito atribuido a Polaroid. Con la aparición y evolución de los teléfonos celulares, las computadoras y el Internet, ahora somos capaces incluso de capturar el momento más importante de nuestra vida, como la estupidez más irrelevante ocurrida durante el día, ver nuestra obra sin imprimirla ni revelarla, retocarla o simplemente borrarla o compartirla con millones de personas en todo el mundo.

La ciencia y el progreso tecnológico dictan ese camino:

Menos esfuerzo por mayor beneficio, al alcance de cada vez más personas.

Si bien ni lo caro de nuestro equipo fotográfico ni lo eficaz de nuestro software nos convierten en expertos en la materia, la técnica por si misma tampoco lo hace. Un Stradivarius no nos convierte en automático en un Paganini, como tampoco décadas de estudio de la técnica nos transformarán en una fábrica de obras maestras. No es sino la combinación de técnica, talento y el equipo adecuado los que nos proporcionarán una mayor oportunidad de experimentar cualquier actividad; nada tiene que ver con esas etiquetas que nuestra sociedad se empeña en cincelar en nuestras mentes.

Algo que parecía imposible incluso meses atrás es una realidad hoy: Fotografiar un fotón en movimiento, o bien, 1 billón de fotogramas por segundo (1,000,000,000,000,000,000/s), ¡que es lo mismo que fotografiar a la luz en movimiento! Cuando supe de tan gran avance tecnológico no pude más que recordar aquel escáner que apareció en la película Prometeo, que ayudaba a mapear un complejo sistema de cavernas. Les comparto un video en el que se habla de dicha tecnología, de la cuál espero que la aplicación militar llegue mucho después de su uso para el bien común:

No vemos a estos científicos haciéndole al hipster, ni presumiendo, ni acomplejando a otros fotógrafos por lo que ellos son capaces de hacer ¿o sí? ¿Y por qué? Porque es de idiotas hacer eso. Punto. Si buscas realizar una actividad y terminas usándola para acomplejar a otros, convendría entonces dejar de hacerle al solemne y de pregonar cosas que uno mismo no cree y no pone en práctica, pues el objetivo original era crear un falso pedestal de superioridad desde donde poder apreciar a los demás, más no dominar una técnica.

Existen muchos matices y aspectos subjetivos en todas y cada una de las actividades humanas. Disfrutemos de lo que nos gusta hacer con los medios con los que contemos, sin etiquetas ni prejuicios, y les garantizo que la experiencia será mucho más chida y aprenderemos un poco de todos.

LvyZ

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