(My) Personal Jesus


Reach out and touch faith:
A manera de presentación.

En mi opinión, no hay una área tan personal dentro de las (presumidas) bellas artes como la música. Es rebatible, cierto; sin embargo así lo considero por las siguientes razones: A diferencia de las artes plásticas, donde la obra plasma la intencionalidad del creador, así como su perspectiva en un momento que queda presa de su contexto espacial–temporal, de la literatura, dónde la palabra es a su vez presa no del contexto tanto como de quien la escribe, o de las artes dramáticas, donde la interpretación está restringida a una serie de cánones para transmitir la intencionalidad de la obra; la música es enteramente volátil, sin importar intérprete, contexto o medios por los cuáles se transmite.

La belleza de una obra musical está en ello. Cantidad interminable de obras existen, y se producen diariamente; mas hay obras que trascienden su contexto, y se hacen vigentes en todo lugar y momento. La partitura está ahí, pero cada interpretación es diferente, y es libre de quien la escribió, y de quienes la han interpretado antes —aunque hay interpretaciones que en sí trascienden a la misma obra—. Para muestra, una canción que es ampliamente conocida: Personal Jesus de Depeche Mode, y un par de versiones que en lo particular me agradan, aquella hecha por Johnny Cash en sus American Recordings, y la versión de Gravity Kills. La razón por la cuál decidí trabajar con ambas versiones, a la par de la original, es precisamente esa capacidad de trascender su momento y su lugar, y colocarse por méritos propios como un referente.

Lift up the receiver, I’ll make you a believer:
Depeche Mode, el origen.

It’s a song about being a Jesus for somebody else, someone to give you hope and care. It’s about how Elvis was her man and her mentor and how often that happens in love relationships; how everybody’s heart is like a god in some way, and that’s not a very balanced view of someone, is it?

—Dave Gahan

Empecemos por la original. Parte del séptimo álbum de la banda —Violator (1990)—; encuentra a la banda en un punto de transición. Si bien durante los ochenta se colocó con una de las bandas líder en el New Wave; al llegar los noventa, con los cambios culturales propios de la sociedad, lograron con este álbum solidificarse y trascender su género para posicionarse como una de las bandas más grandes que encarnaba el inicio de una nueva década.

¿Qué representa la canción para mí? Desde el arreglo musical, la letra y la interpretación es un grito. Dentro del contexto de su aparición, es una crítica, una sátira. También es burla y demanda. La rítmica y el matiz tonal que nos envuelve, con un golpeteo seco, súbito y abrumador, todo a la vez, con la voz tan abismal de Dave Gahan entonando este himno contra lo que se veía venir.

¿A quién(es) está dedicada esa canción? A los insatisfechos, a los ególatras, a los obsesivos. También le habla a los desolados y los ingenuos. Le habla a una sociedad de consumo que estaba transportando su culto, un culto fundado en la individualidad y en la necesidad de reconocimiento por esa misma individualidad. Cierto, los ochenta fueron una década de la exasperación de la individualidad a través de la vestimenta, las expresiones musicales —que eran un rompimiento con un orden totalizador, asfixiante, castrado y castigador— y demás producciones culturales que fueron canalizadas por un nuevo espacio constituido a su vez en deidad: ese consumo.

Es un hecho que ese proceso no tendría freno —y hasta la fecha sigue sin tenerlo— sin embargo ya tan pronto como ese año 1990, Depeche Mode gritaba hasta asfixiar que había algo más que ello. Irónicamente, cabe mencionar, sería ésta una de sus canciones más famosas y una de las que siempre está presente en sus conciertos. Pero ese gusto y vigencia radica en la particularidad arriba mencionada. No sólo fue una expresión más, fue un diálogo que logró establecerse con aquellos quienes sintieron propio ese reclamo.

— Someone to hear your prayerssomeone who cares:
Primera traducción, Johnny Cash.

Pasaron 12 años antes que alguien tuviera intenciones de hacer algo con Personal Jesus. Tomó un cantautor septuagenario, con una voz que condena pero puede apaciguar, y un productor bizarro con una figura sombría para que nuestra canción (re)naciera. Johnny Cash era un cantante de country olvidado a mediados de los noventa, y tuvimos la fortuna que conociera a Rick Rubin para que lo pusiera de nuevo en el lugar que merece. ¿Cómo lo hizo? Dos palabras: American Recordings.

La magia de aquellas sesiones fue la intimidad de las mismas. Rubin comentaba el grado tan alto de intimidad que tenía Cash con ese trabajo, sin duda su magnum opus. Cada canción no era sólo una grabación o interpretación; era una anécdota, una confesión, un reproche hacia él o hacia lo que había hecho de él, en general fue una redención. Entre diferentes canciones elegidas, destacaron canciones que fueron famosas en otros géneros y por otros intérpretes. Una de las elegidas fue nuestra canción —sí, querido lector, nuestra; cada palabra dicha de ella aquí nos ha permitido apropiar(me)nos de ella.

Pero lo que hizo no fue interpretarla. Fue crearla, imprimir en ella su redención y —a su vez— su esencia. Escucharla es escucharse a uno mismo. Si bien la primer canción era una agresión a lo que estaba dándose, un reclamo al aire que resonó en las más profundas cuevas de los desolados; la versión de Johnny Cash es una introspección. Una exploración hacia lo más ajeno de la gente sobre uno mismo. Alimentando ese entorno musical sombrío en un camino del country, Damos paso a un camino de confrontación. La pregunta aquí es: ¿con qué nos confrontamos?

La canción —y aquí podemos dejarnos de formalismos— de Johnny Cash es un exorcismo. Invocamos a nuestros demonios con cada verso recalcitrante, con cada eco que retumba en los muros de nuestra conciencia; y que los obliga a hacerse presentes. Son los demonios de la soledad, de la arrogancia, de la insalubridad de nuestros actos. Insalubridad que no lo es hacia los demás o hacia la sociedad sino hacia nosotros mismos. Insalubridad al dejar que estos actos nos alejen de quienes realmente somos para satisfacer a los demás. Por eso es parte de la redención de Cash, es su manera de decir: “mea culpa”.

— I will deliver, You know I’m a forgiver:
Segunda traducción, Gravity Kills
.

Aquí llegamos con unos desconocidos. Sin duda es complicado hablar de lo que no se sabe o conoce. Sin embargo, una canción puede decir mucho. ¿Qué nos dice ésta sobre ellos? ¿Por qué tomarla en cuenta si es una banda relativamente ajena? ¿Qué aportó a esta canción para merecer consideración? Amplificaron el grito.

Tal vez no tenga la misma intención, o tenga el mismo fondo. Creo bien que es aquí donde entro yo, y pasa de ser Personal Jesus a (My) Personal Jesus. Podrá responder a mi personalidad, a mi ímpetu, o simplemente a mi placer mundano por el ruido; pero esta versión me habla. Me envuelve y agrede. Llama a mis demonios a cuentas con cada reproducción. Y sin duda es una batalla interesante, pues no me es suficiente una para darme por bien servido.

Es así como cierra este círculo. No podría tener ese vínculo sin que existiera la original. A su vez ésta dejó una plantilla que intérpretes como Cash o Gravity Kills retomaron para hacerla suya, y permitirnos apropiarnos de ella. Lo que hicimos ahora, ustedes y yo, fue apropiarnos, aunque sea en este momento, de nuestro Personal Jesus.

— Armando.

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